martes, 23 de abril de 2013

Salen las lágrimas de los ojos, y no es llorar



Hoy, por error, me han dicho que una amiga había muerto...

“Dos mujeres corriendo en la playa” (La carrera). 1922. Gouache sobre contrachapado. 32,5 x 41,1 cm. Museo Nacional Picasso, París.


Hoy, por error, me han dicho que una amiga había muerto.

No era, no es, una amiga de la que tenga el teléfono. De hecho he ido a mirar si podía contactar con su casa y no lo tenía en el listín "antiguo", ese que una guarda para las ocasiones. No sé porqué he buscado su teléfono, no habría sabido qué decir. Ni siquiera sé en qué calle vive, sé la zona, pero nunca he estado en su casa. Tampoco nos ha hecho falta visitarnos. Nunca he visto a sus hijos, a su marido un par de veces, de pasada. Pero la conozco desde hace más de treinta años, y no tengo su teléfono. Es una de esas personas con la que coincides de vez en cuando, y siempre es capaz de mantener una conversación agradable.

Y claro, a lo largo de treinta años hemos hablado de todo, o de nada, de sus hijos, del mío, de su marido, del mío, de su familia, de la mía, de su trabajo, del mío... ahora que lo pienso hemos hablado de muchas más cosas de las que hablo con muchos miembros de mi familia. Nos vemos de vez en cuando, antes en su tienda, y desde que la quitó, nos vemos en la calle, pero pasan meses sin que lleguemos a coincidir, no nos buscamos.

Hay personas que forman parte de nuestro paisaje, que ocupan un rinconcito de nuestra existencia, que son muy importantes sin que apenas nos demos cuenta. Son confidentes ocasionales, terapeutas efectivas.

Cuando ha sonado el teléfono y me han dicho que ella había muerto, una sensación de frío ha recorrido mi columna vertebral, una reacción física extraña que me ocurre en raras ocasiones, como si el calor de los nervios que salen de la médula se perdiese por completo. No podría decir, en caso de que realmente hubiese muerto eso de "la echaré mucho de menos", no es eso, es que hubiese sentido VERDADERAMENTE su  muerte. Tanto, que no lloras, solo salen las lágrimas de los ojos, sin poder controlarlas.

Eso me ha hecho pensar en todas esas personas con las que guardo una relación similar, a las que veo de tarde en tarde, y en ese momento todo es fácil, las palabras fluyen amables y divertidas, porque no hay compromisos, solo cariño desinteresado.

Son muchas.

No tengo sus teléfonos.

 

6 comentarios:

martinealison dijo...

Une très belle publication... Une prise de conscience terrible...
Gros bisous à vous.

PACO HIDALGO dijo...

Si, es verdad, Julia, hay personas que no forman partes de nuestros íntimos, que sabemos poco de ellos, pero que forman parte de mundo y que tenemos comunicacion fluida cada vez que la encontramos. Es triste que se vaya un amigo. Pero seguimos en el camino. Abrazos, Julia.

Sor.Cecilia Codina Masachs dijo...

Hola Julia, te entiendo, claro que sí. En mi caso, procuro mantener cierta relación con todos los que conozco personalmente, quizás por mi carácter abierto. Mi agenda es muy extensa, aún mantengo contacto de compañeros de trabajo que hace más de 30 años que no he visto y amigas de la infancia.
Siento un gran dolor, cada vez que pierdo una amistad, y más si la conozco aún que sea en la virtualidad.
Espero que estés bien.
Con ternura te dejo un beso-
Sor.Cecilia
!Ah! estoy en Valencia ¿No te alegras?

Julia C. dijo...

Hermoso y sentido post...de esos que uno escribe con el corazón...Julia
LaSillaChic

Conral dijo...

Qué buena entrada, Julia. Me ha gustado la reflexión y estoy totalmente de acuerdo.
Ahora, además, tenemos a las amigas virtuales que también son reales y con las que intercambiamos ese cariño desinteresado.
Ufff, que tarde la señora muerte en visitarnos. No lloraremos pero sí que sentiremos no volvernos a encontrar, aunque sea de tarde en tarde...

Un abrazo

Anónimo dijo...

Julia, me ha emocionado leerte tan emotiva, las cosas que dices, cuando llevo más de un año sin saber de ti. Me alegra saber que sigues activa en el blog, que estás bien. Un beso muy fuerte

Bego (la del baul artesano de Bego)